Entre los factores desencadenantes del estrés, también conocidos como estresores, puede mencionarse a cualquier estímulo, ya sea externo o interno, que, de manera directa o indirecta, propicia la desestabilización en el equilibrio dinámico del organismo (homeostasis).
Entre los estresores, aparecen las situaciones que obligan a procesar información al instante, las percepciones de amenaza, los estímulos ambientales dañinos, la alteración de las funciones fisiológicas (como las enfermedades o las adicciones), el aislamiento, la presión grupal y la frustración.
En cuanto a los síntomas generales del estrés, son numerosos: el estado de ansiedad, la sensación de ahogo e hipoxia aparente, la rigidez muscular, las pupilas dilatadas, la incapacidad de conciliar el sueño (el insomnio), la falta de concentración, la irritabilidad y la pérdida de las capacidades para la sociabilidad.
Por últimos, podemos mencionar que los especialistas han enumerado distintas características de la personalidad que permiten resistir al estrés, como el sentimiento de autoeficacia, la fortaleza, el optimismo y el sentido de coherencia.